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Lo que no sé contar

Ya hace 7 meses que estamos viviendo acá. Colgué un poco con los textos aniversarios porque estuve administrando mis tiempos y energía en algo que estuve posponiendo bastante. Algo que no me animaba a hacer por transitar el famoso “síndrome del impostor”. Por eso es que mayo y junio fueron dos meses que me los tomé muy enserio para poder sacar eso a la luz. Esto tiene que ver con un taller de escritura, que tenía muchas ganas de hacer, pero también mucho miedo de que a nadie le interese. Para mi sorpresa, todo salió mejor de lo que esperaba, así que desde acá le mando un beso a mi impostora, por si está leyendo esto. Perdón. Volviendo al tema: textos aniversarios. Resulta que los textos en relación al quinto y sexto mes ya estaban escritos. Pero no los había editado. Porque claro, antes de compartir acá lo que fueron mis días, necesitaba en principio procesarlo internamente, luego escribirlo y luego editar el texto para que sea más o menos entendible. La cuestión, es que el texto de lo...

Más que un atardecer

Mientras yo hago una torta, vos estás cortando leña. Mientras yo hago una torta de mandarina, vos estás cortando leña para poner en la estufa que hiciste con tus propias manos. Y mientras todo esto sucede suena Jeites.  Cada unx en sus tareas, pero escuchando la misma música. Escuchamos todas las canciones que nos dedicábamos cuando todavía no vivíamos juntxs. Escuchamos las mismas canciones de las que hablábamos por mensaje y que nos servían de excusa en su momento para charlar. Escucho estas canciones y no puedo evitar recordar esas cosquillas en la panza que me recorrían de sólo pensarte.  Escucho estas canciones y me acuerdo de todo lo que te extrañaba. Yo en Varela, vos en Borde. Yo allá, vos acá.  Y hoy los dos acá.  A veces no puedo creerlo, te juro. ¿Cómo fue que pasó todo esto? ¿En qué momento? ¡Cuánto tiempo amor! ¡Cuántas cosas pasaron en el medio para que hoy estemos acá! Así: Esperando que llegue el momento de tomar mates juntxs al lado del fueguito. Esc...

Cosas de pueblo...

O ¿Cosas de acá? Esta tarde llovió. Estaba pronosticado. Y si llueve por la tarde es cantado que sale siesta. Eran como las  15 pasaditas cuando nos acostamos y nos tapamos con las tres mantas. Estaba un poco fresco. Se escuchaba el agua caer sobre los techos de chapa, sobre el piso, contra la ventana y hasta contra las hojas de los árboles. ¡Qué placer me da dormirme escuchando la lluvia!, me digo por dentro. Estábamos durmiendo muy relajadamente, cuando de pronto escuchamos: PA  PA  PA  PA  PA  PA  PA  PA  - alguien golpeaba la puerta. Nos despertamos asustados.. ¿Quién será? Nos preguntamos medio dormidxs. Z: Vos esperás a alguien? - Vuelven a golpear la puerta Yo: No...  El pedido viene mañana Z: ah... - se levanta, se cambia y va hacia la puerta. -  No había nadie che. Ya se fue.. Alcancé a ver un auto blanco- agrega y vuelve a la cama. Yo: ¿Quién sería? -Me quedo pensando -  A ver.. Me voy a fijar si el pedido llegaba...

Mis palabras son semillas

Resulta que todo cambia.  ¡Fua! que verdad más novedosa, no? jaja Bueno, pero fuera de joda: ¡Todo cambia! Y este espacio virtual en el que estás paradx también.  Hace unos días vengo sintiendo la necesidad de hacer varios cambios.  Mas cambios? - grita el público Siii! - Digo yo-  Mas!  Y me pregunto (y te pregunto): ¿En algún momento dejamos de hacerlo? ¿Quién nos vendió que las cosas no cambian? ¿Que unx no cambia, que las ideas no cambian, que los pensamientos no cambian, que el sistema no cambia, que el cuerpo no cambia? ¿Quién se atrevió a decir tremenda falsa verdad? ¿Quién nos lo dijo por primera vez? ¿Quién fue? Bueno, yo sé que esto parece un texto acusatorio en donde parece también que estoy buscando un culpable. Pero bueno, no. No es así. Podría decir que es la introducción al texto que viene, quizás... Como contaba, hace días vengo sintiendo la necesidad de querer hacer un cambio en varias áreas de mi vida. Y creo que es un poco de to...

La escritura para mí

Un refugio. La escritura es un refugio para mí. Un lugar en el que puedo ser yo, estar desnuda, bailar sin ritmo, cantar sin afinar. Ser. Simplemente ser. La escritura es ese refugio donde puedo llorar, quejarme, sufrir, y desahogar mis penas sabiendo que transmutan. Que la palabra escrita tiene el poder de transformar lo que siento en otra experiencia. La escritura para mí es alquimia. Lo que siento, lo combino con lo que pienso, lo que vivo y lo que veo y luego lo mezclo. Para crear una gran masa que va tomando forma y leudando a medida que voy sacando todo eso de adentro. La escritura es mi lugar. La escritura es mi manera de digerir y procesar las cosas. Y mi cuaderno.. mi cuaderno es parte de mi sistema digestivo ya. De hecho, cada día estoy más convencida de que no tengo estómago, ni duodeno, ni yeyuno, ni íleon, ni colon.. En su lugar, tengo un cuaderno con hojas lisas. Donde puedo volcar infinitamente lo que me pasa. La escritura para mí, es como el aire. No podría vivir sin es...

Buen viaje abuelo!

 ¡Ay abuelo!  Te fuiste y jamás llegó la carta . ¡Maldigo el momento en que entregué ese sobre al hombre del correo y no pedí la opción de que vaya certificada! Qué absurdo es quejarme de esto, con todo lo que está pasando. Pero es que de haber sido así te hubiera llegado mi carta a los días que la mandé. Pero no. Pagué por el envío común, sintiendo adentro que había chances de que no llegue a tus manos. O peor aún que llegue después de tu partida. No sé por que sentía adentro ese enorme impulso de enviarte una carta y no poder esperar mucho más. Ingenuamente creí que si no te llegaba en el mes, te mandaría otra. Pero esta vez sí certificada, para garantizar que te llegue. Pero nada de eso ocurrió. No hace un mes que te la envié. Y no hace ni un día que te fuiste de acá. Te fuiste abuelo y yo no me despedí. Ni hoy ni el día que me fui de Varela. Te fuiste abuelo y yo, que tengo una mirada más abierta de la muerte, me siento con dolor igual.  Esta es la primera experiencia...

Tiempo de reajustar

Debo confesar que son muchos los días en los que estoy muy para adentro. Tan para adentro que a veces me cansa. A todo el fuego de mi carta natal no le gusta esto. Realmente es muy incómodo. Pero a veces necesito parar.   ¿Parar más? Me dice la mente Sí -Le dice mi alma- Hay que parar La quietud vino para quedarse.  El ritmo de la virtualidad todavía me incomoda. Yo necesito ir más despacio.  Mi cuerpo me lo pide.  A veces no es fácil. La mente me corre que con que “tengo que hacer” tal o cual cosa Y ese ritmo ya no es el mío Hay días en los que me siento muy perdida. Hay días en que me gustaría vivir un poco en ese piloto automático en el que estaba, pero eso implica volver a la locura de antes. Hay días en que quisiera que la mente se calle. Que se calme Que deje de acusarme o que al menos baje la voz. Pero me aturde.  Y ahí lo único que encuentro que me devuelve a mi eje son tres cosas: 1- Escribir: liberar todo al papel. Mantener una conversación con ...